La longevidad no se define únicamente por la cantidad de años vividos, sino por la capacidad funcional sostenida a lo largo del tiempo. En este contexto, el rendimiento humano, entendido como la interacción entre sistemas cardiorrespiratorio, neuromuscular, metabólico y cognitivo, se transforma en un pilar central del envejecimiento activo. Mantener la capacidad de desplazarse, tolerar esfuerzos, recuperarse adecuadamente y regular el estrés fisiológico es determinante para preservar autonomía, salud y calidad de vida.
La evidencia muestra que variables como el consumo máximo de oxígeno (VO₂max), la eficiencia ventilatoria, fuerza muscular y la capacidad de recuperación se asocian de forma directa con menor riesgo cardiovascular, metabólico y funcional a largo plazo. No se trata de entrenar “como atleta”, sino de medir con ciencia para intervenir con criterio, incluso en poblaciones clínicas o adultos mayores activos.
Como entrenadores, clínicos o usuarios, debemos entender que lo que no se mide, no se puede mejorar. Saber cómo está funcionando el cuerpo en estos sistemas es clave no solo para prevenir enfermedades, sino para vivir más y mejor.
Indicadores del rendimiento funcional
La evaluación moderna del rendimiento humano requiere ir más allá de un único marcador. Hoy hablamos de perfiles integrados, donde destacan:
VO₂max y umbrales ventilatorios, como expresión de la capacidad cardiorrespiratoria y del costo energético del movimiento. Saber esto ayuda a planificar entrenamientos seguros y efectivos, especialmente si buscas mejorar tu estado físico o perder peso.
Eficiencia ventilatoria, altamente sensible a cambios en salud cardiopulmonar y envejecimiento. Lo anterior, es determinante en personas mayores, ya que una ventilación ineficiente puede indicar un problema cardiopulmonar o envejecimiento acelerado
Frecuencia cardíaca y su dinámica, tanto en esfuerzo como en recuperación. Por ejemplo, una recuperación rápida indica buena salud cardiovascular y adaptación al ejercicio. Esto sirve para ajustar la intensidad del entrenamiento según cómo reacciona el cuerpo.
Función pulmonar, incluyendo volúmenes, flujos y presión inspiratoria máxima (PIM). Al mejorar la PIM con ejercicios específicos, puede aumentar su capacidad para respirar mejor y moverse con menos fatiga.
Marcadores metabólicos periféricos, como lactato, glucosa y ácido úrico, que permiten comprender el contexto energético real del esfuerzo. Estos marcadores ayudan a entender si el problema es falta de combustible, exceso de esfuerzo o mala recuperación, y permiten ajustar la alimentación o el ritmo de actividad.
Estos indicadores, analizados de forma aislada, aportan información parcial. Integrados correctamente, permiten identificar qué sistema limita, cómo progresa y dónde intervenir. Identificando qué sistema limita el rendimiento, si el corazón está respondiendo bien, o la respiración es eficiente o si la energía disponible es suficiente. Es el equivalente a revisar los sistemas vitales de un vehículo antes de un viaje largo.
Del dato a la intervención
El verdadero valor de la tecnología no está en medir más, sino en intervenir mejor. Aquí es donde el enfoque aplicado cobra sentido.
Claudio Nieto
En evaluaciones cardiorrespiratorias avanzadas, sistemas como Cortex Metalyzer 3B o Cortex C21, disponibles a través de Dr’s choice, permiten realizar pruebas cardiorrespiratorias precisas tanto en laboratorio como en modalidad portátil. Estos equipos entregan información en tiempo real sobre VO₂, ventilación y eficiencia ventilatoria, facilitando decisiones clínicas y de entrenamiento basadas en fisiología y no en estimaciones.
A nivel cardiovascular, la integración con sistemas de ECG digital de 12 canales, Holter ECG y Holter de presión arterial AMEDTEC, gestionados mediante el software ECGpro®, permite evaluar la respuesta eléctrica del corazón en reposo y esfuerzo, asegurando seguridad diagnóstica y continuidad de datos. Esta información es crítica en adultos mayores activos o en procesos de retorno al ejercicio tras periodos de inactividad o patología.
En el ámbito respiratorio, la pimometría y el entrenamiento de la musculatura inspiratoria (IMT) representan una herramienta de alto impacto y bajo riesgo. La evidencia muestra que mejorar la presión inspiratoria máxima reduce el costo ventilatorio del ejercicio y mejora la tolerancia al esfuerzo, especialmente en poblaciones con fatiga precoz o disnea funcional. Integrar la evaluación de PIM y su posterior entrenamiento permite intervenir directamente sobre uno de los sistemas del rendimiento: la respiración.
Complementariamente, el uso de analizadores multiparámetro portátiles para la medición de lactato, glucosa, ácido úrico y otros marcadores sanguíneos permite contextualizar el esfuerzo desde una perspectiva metabólica periférica. Estos datos ayudan a ajustar cargas, identificar estados de sobrecarga o baja disponibilidad energética y personalizar la nutrición y recuperación.
Finalmente, la intervención se completa con medios de aplicación específicos:
Trotadoras instrumentadas para control preciso de velocidad y pendiente.
Bicicletas inteligentes y rodillos con medición directa de potencia, como Wattbike, para prescripción objetiva.
Piscinas de contracorriente para trabajo técnico y metabólico controlado en natación.
Sistemas de análisis de movimiento y EMG inalámbrico (Noraxon) para comprender la eficiencia neuromuscular y prevenir lesiones
Casos de estudio: Luis, 52 años, y su camino hacia una vida más activa y larga
Luis es ingeniero, tiene 52 años y desde hace un tiempo ha sentido que subir escaleras o caminar a paso rápido lo deja sin aire. Aunque no tiene enfermedades diagnosticadas, algo le dice que no se está sintiendo como antes. Motivado por la idea de envejecer bien y mantenerse activo, decide hacerse una evaluación funcional completa en un laboratorio de rendimiento humano.
1. VO₂max y umbrales ventilatorios
Durante una prueba en cinta, Luis empieza caminando tranquilo y poco a poco aumenta la intensidad. A los 8 minutos ya no puede hablar sin entrecortarse, lo que indica que ha alcanzado su primer umbral ventilatorio. Luego de unos minutos más, llega a su VO₂max, que resulta estar por debajo del promedio para su edad.
Interpretación: Aunque Luis se siente “normal”, sus resultados muestran que su cuerpo consume poco oxígeno al máximo esfuerzo, lo cual limita su capacidad física diaria y su reserva funcional a futuro.
2. Eficiencia ventilatoria
El análisis muestra que Luis respira más aire del necesario para cubrir la misma demanda energética que otros hombres de su edad.
Significado práctico: Su sistema respiratorio no es eficiente: gasta más energía en ventilar que en moverse. Esto puede deberse al sedentarismo acumulado o a una disminución progresiva de la función pulmonar.
3. Frecuencia cardíaca y recuperación
Después de la prueba, el corazón de Luis tarda más de 3 minutos en volver a su ritmo basal
Esto indica que su sistema nervioso está sobreactivado o que su corazón no está tan adaptado al esfuerzo. Si bien no es una señal de enfermedad, sí advierte de la necesidad de entrenar con más estructura y cuidado.
4.Función pulmonar y fuerza inspiratoria
Luis también sopló en un dispositivo para evaluar su capacidad pulmonar. Aunque los volúmenes eran normales, la fuerza para inhalar (PIM) era baja.
Esto sugiere que su musculatura respiratoria está débil, lo cual influye directamente en la fatiga que siente al subir pendientes o hablar caminando. Le proponen realizar ejercicios respiratorios para mejorar esto.
5. Fuerza muscular funcional
Luis realizó también un test simple de fuerza de piernas: levantarse y sentarse de una silla durante 30 segundos. Sus resultados fueron bajos comparados con su grupo etario
Esto reflejó una pérdida progresiva de fuerza muscular, fundamental para mantener la autonomía con los años. En personas mayores, una baja fuerza está asociada con mayor riesgo de caídas, dependencia e incluso menor expectativa de vida.
¿Qué hizo Luis después?
Con estos datos, su entrenadora diseñó un plan personalizado con caminatas a ritmo bajo (basado en su umbral ventilatorio real), ejercicios de respiración y pausas activas para el trabajo. En solo 8 semanas, Luis mejoró su capacidad de recuperación, bajó su frecuencia cardíaca en reposo y se sentía con más energía.
Más que números, entender estos indicadores le dio sentido a lo que sentía en su cuerpo. Hoy, Luis no solo entrena para mejorar su estado físico: entrena para envejecer con más salud, autonomía y calidad de vida.
